La vergüenza es un sentimiento y esto significa que es el resultado de = una emoción + 1 pensamiento.

Digamos que se da una situación en la que sientes cualquier de las emociones básicas (Alegría, Tristeza, Miedo, Enfado, Asco, Sorpresa) y tu mente interpreta que éso que te ha pasado debe esconderse, es errático o con todas las papeletas para no ser digno de ser valorado.

Te cuento esto porque muchas veces cuando no sabemos exactamente de dónde vienen este tipo de sentimientos complejos, aproveches para partir en trozos lo que ocurre:

  • Describe la situación.
  • Detecta la emoción básica.
  • Caza el pensamiento que se abalanza sobre lo que estás viviendo y sintiendo.
  • Y observa cómo “reaccionas”: es decir, lo que haces después; cualquier otra cosa que evite que se vea lo que a ocurrido o en el peor de los casos denostarte a ti mismo por no haber sido capaz de haberlo hecho de otra manera o por lo menos haberlo podido ocultar.

Estos 4 pasos te valdrán ya para parar el tren de la vergüenza que pasa tan rápido y que si no haces un stop cuando antes estas abocado a sentirte mal.

Vamos a ahondar un poco más con otras estrategias para que puedas empezar a liberarte de estos patrones.

¿Qué más cosas puedo hacer?

1º. Detecta cuáles son las situaciones concretas en las que te sientes avergonzado.

A veces ni somos conscientes porque llegamos a casa con una gran rabia, con miedo o simplemente muy incómodos sin saber que lo que en realidad estamos sintiendo es: vergüenza total.

¿Por qué? La vergüenza es el sentimiento más “opaco” que existe, ya que por sus propias características se camufla a sí misma: muchas veces a través del orgullo, otras mediante la culpa, el estrés o ir como motos por la vida para no parar y sentir, porque si no, pues nos sentimos muy mal.

Así que lo primero es darte cuenta de qué estás sintiendo exactamente para no confundirlo ni camuflarlo con otros temas.

A partir de ahí hay un ejercicio muy bonito que consiste en identificar exactamente cuando ocurre, con qué persona o personas, en qué situaciones o interlocutores. Descuida, que haciendo vista atrás, lo verás enseguida y será muy revelador.

Después, te ayudará mucho detectar si hubo una experiencia clave en tu pasado que sea la madre del cordero de tu vergüenza y a partir de ahí ver si estás siendo coherente con los patrones que se crearon a partir de aquella situación.

¡Ojo! No para engancharte con el pasado sino para comprenderlo, darte cuenta que cómo actúa en tu presente y para dirigirte al futuro con más libertad.

Respira.

2º . Distingue qué tipo de vergüenza te visita:

No nos volvamos locos ahora por querer ver cosas dónde nos la hay. Hay un tipo de vergüenza que llamaremos adaptativa: resbalarte y caerte en el metro en hora punta, dejarte la cartera en casa cuando justo ibas a invitar a tu novio a cenar o que se te rompan los pantalones al agacharte en el supermercado….

Como ves, es fácil distinguir de la vergüenza adaptativa de la que no es.

3º. ¿Quién está incómodo/a?

Algo que escucho mucho a mis clientes es poner el foco de lo que “les hacen” sentir los demás: “Fíjate cómo mi madre me presiona…”, ” o en el trabajo me invaden y me molesta muchísimo…”

La cosas pasan, la gente se comporta y tú sientes: otra cosa es que no escuches tus sentimientos, seas proactivo y comuniques a quien corresponda sin culpa: tus opiniones, peticiones, límites, etc.

En el caso de la vergüenza, sé cuidadoso/a, porque sabes que es muy buena escapista y duda de sí misma.

Pregúntate claramente:

  • ¿Qué es lo que te hace sentir incómodo?
  • ¿Qué vean que has cometido un error?
  • ¿En qué dejas de ser válido por estar tan expuesto?
  • ¿En qué dejarías de merecer recibir amor por lo que has hecho?
  • ¿El qué?

Todas las respuestas son válidas y con ellas habrás destapado la información que se oculta tras ése sentimiento de tener que taparte.

¿Y qué cosas ocultamos?

Aquello que consideramos: malo, recriminable, juzgable, vulnerable… y que no tiene por qué ser así.

Sea lo que sea observa la forma en que te hablas a ti mismo…. Es muy importante y útil además; por favor: sé cálido y benévolo contigo, eres lo más importante que tienes.

4º. ¿Qué normas o estereotipos transgredes?

Está claro que lo de “taparnos” lo hemos aprendido.

¿Cómo?

En el momento en el que en el fondo crees que “te has saltado una norma muy gorda”.

¿Cuál?

Ahí tienes otra clave que te dará información sobre tus creencias sobre “cómo deberías de ser”: ¿discreto? ¿eficaz? ¿amable? ¿guapo? ¿equilibrado?

Estás muy cerca de encontrar el juicio maestro de tu crítico interno

En ocasiones somos fieles a lealtades ciegas relacionadas con patrones familiares, estereotipos sociales, de género, de éxito, de estilos de vida.

¿Y sabes?

No pasa nada porque no los cumplas, porque quizá, simplemente eres de otra manera. Y esa otra manera se llama: Autenticidad, que no se puede comparar con otros aunque es un deporte poco practicado.

De ahí que la vergüenza sea típica del perfeccionista empedernido, del controlador nato y del niño asustado que le cuesta ganar confianza en sí mismo para primero: ser valioso para sí mismo.

Vuelve a respirar que lo estás haciendo muy bien :)

Qué hacer para dejar de sentir vergüenza y dejar de tapar lo que realmente eres

5º. Revisa si usaste la vergüenza para adaptarte a algo todavía está en tu vida y lo mantienes.

Como te decía antes es posible que hubiera una experiencia concreta que te marcase, la cuestión es ver si hoy te es útil, si te permites cometer errores y consideres que aún así sigas siendo digno de amor, pase lo que pase.

La sensación de ocultación puede llevarte a asumir un rol sumiso, evitar tomar decisiones importante o volverte dependiente de personas, cosas o situaciones.

Es importante trabajar tu vergüenza para evitar sentirte inferior, aprender a recibir, disfrutar de la vida y soltarte la melena: ¡qué son dos días!

6º. ¿Con qué tiene que ver más tu vergüenza?

Hay varios tipos que tocan todos tu identidad:

  • Interna: lo que eres, tus cualidad y defectos, valores, creencias y opiniones.
  • Física: tu querido cuerpo a lo ancho y lo largo.
  • Estética: la imagen es un chivato en la vergüenza, si pasas muchas horas decidiendo lo que será apropiado ponerte, te ofuscas en tapar la barriga o pasas totalmente de tu apariencia: todos con indicativos de “velos” que pones a tu maravillosa esencia (no lo necesita).

Cuando sea más físico o estético analiza claramente:

  • Lo que quieres tapar y con qué lo relacionas: si es con tu imagen real o con tu ideal.
  • Con qué te comparas o con quién.
  • Y para salir de ahí desdóblate y mírate desde fuera: ¿Si observaras a otra persona que le estuviera pasando lo que a ti? ¿Qué le aconsejarías? ¿Hay algo positivo y bello que ésa persona no está mirando?

En cuanto detectes un sólo aspecto de ti mismo que sí te resulte válido y digno de mostrar sólo por lo que es: por favor dale prioridad. Al modificar el foco de tu atención verás cómo las cosas cambian y dejará de tener tanto poder aquello que ocultas.

7º. Encuentra referentes que tengan esas características y aplícate el mismo rasero:

¿Conoces a alguien de tu entorno que vive con gracia y desparpajo sin prestar tanta atención a ése defecto que tú ves en él?

¿Te suena algún personaje famoso que por sus características de personalidad, físico o estética hiciera de su defecto una virtud?

Lista las cualidades que ha desarrollado este referente e identifica cómo ha trascendido lo que otros verían como un defecto pero para él/ella se convierte en una clave positiva de su personalidad.

Recuerda que en todo lo que eres está tu esencia, no sólo en “lo bonito”; lo bello eres tú con tus luces y sombras. Sólo hace falta que ésas dos partes se hagan grandes amigas.

8º Sé osado contigo mismo:

En definitiva:

Revisa la imagen que tienes de ti mismo y si no es tu mejor versión: cámbiala.

Exponte a situaciones en las que puedas practicar el diálogo con tu vergüenza. No hay otra manera de crecer que experimentar poco a poco y salir de la zona de confort. Hazlo siempre y cuando te hayas preparado previamente con estos ejercicios que te propongo y comienza por algo pequeño y fácil, no por la gran hazaña de un día para otro.

¿En qué más te puedes apoyar?

  • Aunque pases un poco de vergüenza en tus primeros pasos, prepárate para tolerar una pequeña cantidad de vergüenza e interpretar después que no es tan grave lo que ocurra.
  • Pídete perdón a ti mismo en vez de sólo a los demás, si te pillas escondiéndote de algo de ti mismo.
  • Vigila que no aparezca la culpa cada vez que te tapes porque te llevará al autocastigo y no merecimiento. De verdad, páralo y revísate.
  • No ignores la vergüenza, dale la bienvenida siempre y detecta qué tapa, ante quien y date cuenta de si lo que proteges no merece ser visto o es tan terrible como para ser rechazado.
  • Si te atascas mírate desde fuera cada vez: ¿Qué harías tú si vieses “éso” de alguien?, etc.
  • Y avanza hacia situaciones más complejas con la confianza de que te estás permitiendo crecer, exponerte tal y como eres y abrir los brazos a la vida.

¿Qué otras estrategias conoces para superar la vergüenza?

¿Has alguna de estas claves que quieres poner en marcha ya?

Espero que te haya servido.

Deja tus comentarios; me encantará leerte.

Un abrazo

Domingo

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