Parece que Cambio y Transformación son los mismo pero no exactamente…

Una de las preguntas que más repiten mis clientes en cursos y sesiones es: “¿Por qué no consigo cambiar? Ha vuelto a pasar”.

Los ingredientes para alcanzar el estado positivo que queremos tiene que ver, entre otros el nivel de motivación real que tienes para superar tus obstáculos y alcanzar tus objetivos.

Hoy me centraré en la percepción del cambio y sus dos facetas:

¿Qué es el cambio?

El cambio aparece ante una situación externa que te pone en alerta y ante la que te “tienes” que adaptar. Puede ser una gran hazaña o algo mucho más pequeño: desde que te echan del trabajo en el que llevas 10 años a que falta leche en la nevera.

Algo de fuera se presenta en tu vida y te llama la atención porque implica que de no hacer nada no podrás cubrir ciertas necesidades.

Siguiendo con los ejemplos de antes: ¿qué pasará con tu economía si no encuentras otro trabajo en breve? ¿Qué vas a desayunar mañana si no tienes tu bote de leche?

Ante las preguntas obvias surge: la necesidad de cambiar, de hacer algo para adaptarte lo mejor posible a la nueva situación. Está claro que necesitas las mismas acciones para buscar un nuevo empleo que para tomar un buen desayuno…

Hay otro estado que aparece cuando sentimos que queremos cambiar: la resistencia y los auto-saboteadores. ¿Por qué narices aparecen y te hacen la vida más difícil?

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“Tengo miedo a decir algo inadecuado”, “seguro que hice algo incorrecto”, “estoy seguro que se molestó por mi culpa”, “a ver cómo hago para que todos se sientan bien”; ” no sé si he hecho lo suficiente”…

Si estás frases o parecidas rondan tu cabeza y sientes que buscas el beneplácito de los demás en cualquier circunstancia es probable que la búsqueda de aprobación esté frenando tu bienestar.

A veces cuando tenemos un histórico de falta de atención por nuestros seres queridos, baja autoestima por sentirnos menos que los demás o vivimos dependiente de nuestra imagen externa para sentirnos bien; la necesidad de aprobación secuestra tus oportunidades de crecer, vivir con mayor bienestar y auto-realizarte.

El asunto está en que con el paso del tiempo te vuelves dependiente de personas, situaciones y experiencias que aunque te nutran de un logro aparente, no sientas que recibas 100% por la falta de confianza en tu propio valor.

Déjame contarte que es una de actitudes más comunes del momento en el que vivimos en el que destacar por los logros, el éxito personal y la exposición social toman una relevancia casi exagerada.

Vayamos por partes para desenmarañar los comportamientos tóxicos que te impiden sentirte merecedor y para darte algunas herramientas que ayuden a superar esta necesidad:

1. La Imagen que quieres causar:


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La vergüenza es un sentimiento y esto significa que es el resultado de = una emoción + 1 pensamiento.

Digamos que se da una situación en la que sientes cualquier de las emociones básicas (Alegría, Tristeza, Miedo, Enfado, Asco, Sorpresa) y tu mente interpreta que éso que te ha pasado debe esconderse, es errático o con todas las papeletas para no ser digno de ser valorado.

Te cuento esto porque muchas veces cuando no sabemos exactamente de dónde vienen este tipo de sentimientos complejos, aproveches para partir en trozos lo que ocurre:

  • Describe la situación.
  • Detecta la emoción básica.
  • Caza el pensamiento que se abalanza sobre lo que estás viviendo y sintiendo.
  • Y observa cómo “reaccionas”: es decir, lo que haces después; cualquier otra cosa que evite que se vea lo que a ocurrido o en el peor de los casos denostarte a ti mismo por no haber sido capaz de haberlo hecho de otra manera o por lo menos haberlo podido ocultar.

Estos 4 pasos te valdrán ya para parar el tren de la vergüenza que pasa tan rápido y que si no haces un stop cuando antes estas abocado a sentirte mal.

Vamos a ahondar un poco más con otras estrategias para que puedas empezar a liberarte de estos patrones.

¿Qué más cosas puedo hacer?

1º. Detecta cuáles son las situaciones concretas en las que te sientes avergonzado.

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¿Te has pillado alguna vez relativizando los halagos que te hacen tus amigos o compañeros de trabajo?

¿O tal vez quitándole importancia a los logros que has conseguido?

¿Ruborizándote ante un cumplido? ¿O dando por hecho que lo que aportas está bien pero no es como para tirar cohetes?

Todas estas y otras tantas conductas impiden que entre ti la preciada caricia del reconocimiento. Y es que además parece que valorarse y distinguirse por los propios méritos sea arrogante o típico de personas muy egocéntricas.

Hay de todo pero hoy me centraré en ayudarte a superar ésas creencias inconscientes que te hacen sentir que no mereces, que te sientas por debajo o escasamente digno de recibir las bondades de la vida con ganas y salero.

¿Por qué ocurre esto? Este sentimiento de minusvaloración puede venir por varios frentes:

Te pones Metas muy altas y si no hay resultados sientes que fracasas:

En esta sociedad tan aspiracional en la que vivimos parece que todo el mundo tiene que convertirse en un gurú de lo suyo, destacar de forma sobresaliente para ser válido o llegar a alguna cima, allá entre las nubes.

Cuando las metas que nos ponemos tienen unas expectativas tan altas es totalmente normal que hasta que ocurra no sientas que eres totalmente válido, merecedor de reconocimiento y disfrutador oficial de tus pequeños logros.

  • ¿Cómo son las metas que te planteas en la vida? ¿Altas, medias, bajas, alcanzables o inalcanzables?

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¿Cuánto callamos a veces verdad?

Y no me refiero sólo con respecto a los demás sino también a aquellos sentimientos que ocultamos para que no se vean ésas partes de nosotros mismos que creemos que son poco valiosas o vulnerables.

Está genial mostrar lo mejor de cada uno pero ¿y si te dijera que aquello que no te gusta de ti tiene más importancia de lo que crees en tu vida?

Venga, como estamos solos ahora y nadie nos ve, vamos a poner luz en 5 aspectos del perfeccionismo que pueden ayudarte a liberarte de carga emocional y poder construir una Imagen más positiva de ti mismo sin miedo al que dirán.

1. El Perfeccionismo propiamente dicho

Cuando tu valía personal depende de unas expectativas altísimas sobre ti mismo, tendrás la presión de tener que controlar hasta el último detalle de tus trabajos, acciones y relaciones.  Y eso drena mucho tu Autoestima… y a tu entorno.

Además pone “tu zanahoria” tan lejos que nunca tendrás la sensación de logro y aún logrando resultados, nunca será suficiente. Cada día sentirás en el fondo, que no mereces recibir las bondades de la vida porque sencillamente: no te has preparado “lo suficiente”.

Este es el círculo vicioso que además lleva a demorar tanto las decisiones pequeñas del día a día como elegir un nuevo supermercado online como de las grandes como emprender ese proyecto que lleva en tu cajón 1 año y medio.

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