Se habla mucho de que para conseguir un estilo propio necesitas conocerte mucho y muy bien y es posible que con este tipo de frases te quedes exactamente igual que antes porque no tienes “el cómo” hacerlo (ni tampoco el sentido de hacerlo).

El estilo no tiene que ver sólo con indumentaria y complementos sino también con todas “las formas” que usas para expresar quien eres. Eso puede ir desde cómo te recoges el pelo a cómo afrontas las situaciones de conflicto o a cómo te comportas cuando te enamoras o tu relación con el mundo.

El estilo es visible, porque se manifiesta a través de cuerpo, estética y los 5 sentidos en general. Es la capa más externa de las personas. Aunque sea así, no es superficial, repito, sólo es la capa más externa que vemos y el reflejo de otras muchas cosas que pasan dentro de ti.

A veces nos enfocamos en cambiar la apariencia porque al hacerlo sabemos que vamos a obtener de forma rápida un cambio de percepción efímero sobre nosotros mismos y los demás también se darán cuenta. Una oportunidad estupenda para poder “ser” quien queremos ser aunque sea por unas horas.

El tema está en que si te das cuenta de las causas, impulsos y motivaciones que te llevan a hacer cambios en tu imagen puedes alucinar de todo lo que sabrás de ti por dentro, para luego elegir cómo te quieres mostrar fuera. Y que no sea al revés: que te compres un personaje, te lo pongas fuera y ya creas que “eres” así.

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¿Cuántos trucos y técnicas has escuchado para “tener más abundancia en tu vida”?

¿Qué es lo que pasa que en la mayoría de los casos no funcionan y te vuelves a sentir frustrado?

¿Y por qué aparezco yo por aquí y te digo que ésa plenitud tiene que ver con la imagen que tienes de ti?

Hacía tiempo que quería hablarte de este tema y aportar mi visión sobre uno de los temazos del que todos quisiéramos un trozo del pastel: vivir de forma más abundante, satisfactoria y plena en lo material y emocional.

¿Te resuena?

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A veces la historia de repite y nos sentimos como ratones en un laberinto conocido en el que damos vueltas y vueltas alrededor de los mismos problemas, circunstancias, relaciones o estados emocionales drenantes. Y lo que queremos es que pase rápido, que cambien las cosas por arte de magia y poder decir: hasta la próxima.

Si estás en ésa situación para un momento y pregúntate: ¿qué estoy repitiendo yo que me impide avanzar?

Es contradictorio pero muchas veces nos sentimos más seguros en lo malo conocido de lo que pensamos.

Y es mucho más limitante creer que lo de fuera viene dado y que estamos abocados a vivir siempre, las mismas experiencias.

Hay otra manera de salir del famoso “ojalá las cosas fueran de otra manera” o el “qué suerte he tenido que ahora las cosas van bien”. Y en definitiva, tomar las riendas del caballo que quieras o no, diriges tú: tu vida.

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Si a veces nos cuesta manejar nuestra propia imagen personal, ya cuando nos ponemos a emprender la cosa se complica.

Pasa no tanto al principio, cuando andas buscando tu hueco en el sector, montando una web y ofreciendo tus primeros servicios que se van modelando durante los 3 primeros años. Es después, cuando ya llevas un tiempo, llega un día en que te planteas si tu imagen profesional se corresponde con lo que ofreces, con la expectativa que tienen tus clientes de ti y sobre todo, si eres marca personal.

Con los clientes emprendedores nóveles que han pasado por mis servicios, me doy cuenta de los bellos esfuerzos que ponen con esmero por lanzarse a la piscina bien guapos y mimando cada detalle para todo esté perfecto en su presentación al mundo aunque dos años después su mensaje de marketing cambie por completo.

Con los seniors observo lo contrario: ya tienen un posicionamiento, trabajan video a tope y puede que las fotos de la web sean de cuando eran más jóvenes y su idea de negocio era francamente otra. Además, la máquina del día a día se ha hecho más compleja que no hay tiempo para andar mirando “qué me pongo”, darle una vuelta a la estética audiovisual, o ponerse a renovar su imagen personal alineada con los valores de marca.

Todos quieren más visibilidad, unos para darse a conocer y otros para hacer crecer su negocio y ocupar un lugar preferente en la mente de su público objetivo.

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Los juegos psicológicos son conductas “automáticas” que tenemos ante determinadas situaciones:

  • ¿Te has pillado alguna vez “haciendo el paripé” en un encuentro social, pensando que era lo mejor o más adecuado que podías hacer?
  • ¿Quizá haciéndote la víctima cuando tienes mucho trabajo y contándolo a los 4 vientos?
  • ¿O siendo simpático all the time aunque te veas con personas que no te caen bien?

Es algo que hacemos de forma inconsciente, como si nos dieran a un botón y actuemos sin pensar, tomando un rol determinado.

¿Por qué ocurre?

Detrás de ésos impulsos automáticos hay toda una historia … En resumen sabemos que son necesidades psicológicas sin cubrir que nos empujan irrevocablemente a proyectar una imagen externa concreta.

Todo juego tiene un coste y un premio; como en un ejemplo muy básico cuando un niño llora para que le den un caramelo. Es un poco más complejo pero espero que valga para ver que:

  • Hacemos lo que hacemos en la vida, como podemos, sabemos o nos sale.
  • Los juegos son la expresión de la máscara que nos impide ser nosotros mismos.
  • Un juego es drenante cuando limita nuestra capacidad de expresión y tener una sana Auto-estima.
  • El beneficio de los juegos es aparente porque en realidad no satisface la verdadera necesidad que se encuentra debajo.
  • Los juegos dejan de serlo, cuando les atendemos con madurez, firmeza y calidez para que no nos secuestren.

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