A veces se nos olvida que  lo que enviamos a través de un wasap, un chat online, una red social o un email, tiene efectos en quien recibe los mensajes o pensamos que al hacer un zoom o un skype todo funciona igual que si estuviésemos en una cafetería cara cara.

Y no me refiero al uso de las herramientas, sino al efecto emocional que tienen nuestras interacciones digitales en nosotros mismos y en los demás, y el impacto en la imagen global de tu persona.

La inteligencia emocional está presente en cualquier comunicación que tengamos sea cuál sea el entorno y en dos vertientes:

  • Intra-personal: en la relación con uno mismo, la imagen que tienes de ti y de tu “Alter Ego Digital”.
  • Inter- personal: en la relación con los demás y sus respectivos segundos yoes cibernéticos.

¿Cómo influye en la relación contigo mismo?

Lo primero en tu economía mental:

Decidir cuánto tiempo estás presente en redes, cuántos wasaps contestas al día, cada cuánto responder el mail, decidir si hago 2 videollamadas al día o ver si te das de alta en 3 plataformas más para animar tus días o sentirte pertenecedor a una tribu.

Para los que tenemos negocios digitales hay un must del manejo del lenguaje online pero en el artículo de hoy pongo el foco en la parte personal de nuestras vidas, en las que, de una u otra manera, estamos todos digitalizados en mayor o menor medida.

El uso de herramientas le pide a nuestro cerebro mucha más activación que si estás delante de alguien y le preguntas “¿qué tal?”.

Éste aprendizaje es nuevo en nuestro sistema nervioso porque evolutivamente lleva “poco tiempo” con nosotros y la sobrecarga o estrés se da con bastante facilidad.

Estar todo el día rodeados de tecnología nos ha hecho adaptarnos a la velocidad del rayo pero también ha aumentado el “ruido mental” que afecta directamente a la toma de decisiones del día a día: desde mandarle la lista de la compra a nuestra pareja antes de que vuelva del trabajo a si pedirle perdón a alguien vía texto corto o un meme…

Lo segundo: tus nuevas necesidades.

La necesidad de “estar conectados” vía digital nos plantea un nuevo escenario en el que recibimos desde fuera la demanda de usar un nuevo lenguaje y tipo de relación.

En un porcentaje muy alto no estar conectado parece que nos excluye de una parte del mundo, aunque en realidad no sea así: tenemos derecho a no estar de alta en ningún grupo, plataforma, contacto digital o presencia visual en redes, por supuesto.

Y cuando sí lo estamos, debemos vigilar los sentimientos de culpa que se pueden generar por tener:

  • Expectativas muy altas de uno mismo: cuánto, cómo y dónde quiero estar conectado.
  • Expectativas también sobre las interacciones de los demás: cuáles, en qué momento y para qué.
  • Una forma concreta y coherente de expresarnos en la relación con el mundo virtual y tus valores.
Lo tercero: tu respuesta emocional online:
  • Cómo expresas tus emociones y sentimientos vía digital.
  • Cuáles son las reacciones ante los inputs diarios que recibes de cualquier app, plataforma o email.
  • De qué manera regulas las emociones derivadas de ésas interacciones.
  • Cuál es tu nivel de motivación real ante la demanda cibernética.

¿Cómo influye en la relación con los demás?

Sí, eso que está al otro lado de las pantallas es algo más que unas palabras escritas, unas caritas metidas en cuadrados o emoticonos sugerentes

Estira tu capacidad de Empatía:

Cara a cara percibimos con mayor claridad lo que siente el otro o, al menos, si no sabemos ponerle nombre a lo que sienten los demás, nuestro inconsciente se encarga de quedarse con una sensación de que algo pasó que podrás elaborar después.

Mejora tus habilidades sociales digitales:
  • La Escucha Activa existe también en los textos, imágenes y mensajes: supone hacer silencio dentro para comprender no sólo la forma sino también el fondo emotivo que hay debajo.
  • La Asertividad digital: pues sí, el respeto y valoración de tus opiniones y tus decisiones de si estar activo o no, si contestar a las 00:00, enseguida o dos semanas después. Y también el respeto y valoración de la posición de los demás, incluso aunque no coincida con tu parecer.
  • Validación emocional: cuidado con el famoso “ajjaaj” y no te estés riendo; estás dándole a entender a la otra persona cuáles son tus emociones, si no son auténticas, ¿para que falsearlas? Recoge también como en tu vida cotidiana o pide aclaración de “lo que no percibas”, sobre todo para no “interpretar al otro” porque sí.
  • Apertura: lo digital pide aceptar una fluidez, velocidad y cantidad de información que va más rápido de lo presencial. Evita resistirte a ello, es un nuevo lenguaje y todo ha evolucionado mucho desde las cartas con sello de lacre.
  • Paciencia: va rápido pero eso no quiere decir que seamos exigentes con quienes estamos en interacción digital en cualquier de sus formatos.
  • Cortesía: no quita lo valiente, ya sabes, pero también hace falta poner tono de contestador automático con música de fondo o tener un lenguaje forzado y empalagoso. Ser amable es una opción, no una obligación; además cuando no es “de verdad”, queda peor, ¿no?
  • Humor: esto lo manejamos muy bien en su expresión escrita y audiovisual. Solo ten en cuenta, no pasarte.
  • Optimismo: si te va, ¿por qué no usar un lenguaje positivo? El exceso de “Noes”, “Peros”, “Es que” y demás chocan más al cerebro de quien los recibe. También chirría el lenguaje de hada madrina con mil exclamaciones, flores, sonrisas y corazones hechos con las manos. Un “gracias” bien empleado y desde el corazón, es mucho más potente que las performance innecesaria.

¿Qué más puedo hacer para mostrar una imagen más real y ser emocionalmente inteligente en el entorno digital?

  1. Observa qué imagen ideal de ti mismo/a estás queriendo compartir en entornos digitales y la distancia que hay con tu imagen real. Si hay mucha lejanía entre una y otra, identifica qué necesidad estás queriendo cubrir en el volátil mundo cibernético y si es allí donde puedes satisfacerla verdaderamente.
  2. Date cuenta de la emoción que hay detrás de tus textos, imágenes y videos y también en los de los demás.
  3. Permítete ser tú: una ventaja del mundo digital es que salimos de la zona de confort y podemos aprender mucho, un límite, es caer en construir un personaje o máscara nuevos.
  4. Usa y amplia tu vocabulario emocional en entornos digitales: qué tal un entiendo que, un déjame saber si he entendido bien, lo siento, gracias, perdón, por favor….
  5. Sé asertivo, como te explicaba antes: acepta la expresión de los demás tal y como sea, se esté presentando el personaje de tus contactos o su parte más auténtica. Cada uno elige cómo quiere comunicarse y es libre de hacerlo: no juzgues.
  6. Evita fascinarte por las apariencia emotivas, el contagio emocional, la crítica compulsiva o el refuerzo positivo indiscriminado y sin sentido.
  7. Recuerda que detrás de los textos, imágenes y videos hay una persona y su cuerpo: cuidado con el feedback no solicitado y la arrogancia del anonimato. La comunicación no verbal existe aunque no la veas: la postura o actitud del texto se ve, el tono de voz, el ritmo de las palabras, todo un universo que, al prestarle atención, nos hará más emocionalmente inteligentes.
  8. Vacía tus cargas emocionales fuera de las redes sociales e emails impertinentes. Mira a los ojos de las personas en videollamadas, aunque tu interlocutor vea que miras hacia abajo, sabe que estás mirando sus ojos en la pantalla.
  9. Evita el control obsesivo de lo que escribes como si te presentaras a un concurso de copywritting. Lo perfecto es enemigo de lo bueno: habla con tú eres..
  10. Equilibrio entre el dar y el recibir: como en la vida misma. A más interacción, mayor vínculo, cuida tus relaciones online como te gustaría que lo hicieran contigo.
  11. Piensa que debajo de toda comunicación hay una razón-motivación, un por qué y un para qué. Recoge los comentarios del entorno con la misma visión que en tus encuentros presenciales. Evita el feedback no solicitado.
  12. Sé tu mismo y acepta que no gustarás a todos.

¿Qué aspectos o cualidades de la Inteligencia Emocional quieres poner en marcha para tener una Imagen Digital más genuina?

Déjame tus comentarios más abajo.

Me encantará leerte.

Un abrazo

Domingo

¿Te has planteado porqué se repiten las mismas circunstancias a tu alrededor y no sabes cómo abordarlas?

¿Hay algún tipo de emoción que siempre anda a tu alrededor o algún resorte que salta en automático cuando las cosas no van como era esperado?

El poder de la imagen va más allá de la apariencia que tienes,  de cómo te vistes o incluso de cómo te perciben las personas de tu entorno.

Desde bien pequeños aprendemos a interpretar la realidad en base a cómo estamos construidos por dentro o lo que se espera de nosotros como personas. Creamos “una imagen mental a medida” de lo que sucede fuera para encontrar sentido dentro a quienes somos,  a nuestras relaciones, nuestra vocación, o las expectativas que tenemos del éxito que debería estar reservado para nosotros y un largo etcétera.

¿Por qué?

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Está de moda sí…

Ves tantas publicaciones hablando de desarrollo personal que tú también quieres hacer lo mismo porque notas que las técnicas de Asesoría de Imagen de toda la vida se quedan cortas. Además sabes que ofreciendo los mismos servicios que resto de miles de profesionales te perderás en el océano infinito de internet.

Quieres diferenciarte, sientes que tienes algo más que contar así que, ¡vamos allá! Te pones a comunicar que lo que haces es realmente distinto pero… hay algo que falla.

Y es que Coaching de Imagen es tendencia pero no quieres ser el típico que cuente lo mismo, quieres fascinar con tu presentación y servicios y notas que al hacerlo algo cambia en tus clientes (al principio).

Pero… al final, te acaban pidiendo lo mismo que antes.

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Se habla mucho de que para conseguir un estilo propio necesitas conocerte mucho y muy bien y es posible que con este tipo de frases te quedes exactamente igual que antes porque no tienes “el cómo” hacerlo (ni tampoco el sentido de hacerlo).

El estilo no tiene que ver sólo con indumentaria y complementos sino también con todas “las formas” que usas para expresar quien eres. Eso puede ir desde cómo te recoges el pelo a cómo afrontas las situaciones de conflicto o a cómo te comportas cuando te enamoras o tu relación con el mundo.

El estilo es visible, porque se manifiesta a través de cuerpo, estética y los 5 sentidos en general. Es la capa más externa de las personas. Aunque sea así, no es superficial, repito, sólo es la capa más externa que vemos y el reflejo de otras muchas cosas que pasan dentro de ti.

A veces nos enfocamos en cambiar la apariencia porque al hacerlo sabemos que vamos a obtener de forma rápida un cambio de percepción efímero sobre nosotros mismos y los demás también se darán cuenta. Una oportunidad estupenda para poder “ser” quien queremos ser aunque sea por unas horas.

El tema está en que si te das cuenta de las causas, impulsos y motivaciones que te llevan a hacer cambios en tu imagen puedes alucinar de todo lo que sabrás de ti por dentro, para luego elegir cómo te quieres mostrar fuera. Y que no sea al revés: que te compres un personaje, te lo pongas fuera y ya creas que “eres” así.

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¿Cuántos trucos y técnicas has escuchado para “tener más abundancia en tu vida”?

¿Qué es lo que pasa que en la mayoría de los casos no funcionan y te vuelves a sentir frustrado?

¿Y por qué aparezco yo por aquí y te digo que ésa plenitud tiene que ver con la imagen que tienes de ti?

Hacía tiempo que quería hablarte de este tema y aportar mi visión sobre uno de los temazos del que todos quisiéramos un trozo del pastel: vivir de forma más abundante, satisfactoria y plena en lo material y emocional.

¿Te resuena?

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