Es posible que en algún momento de tu vida pasaras por una circunstancia que menoscabara tu energía, te vieras arrollado por situaciones o personas que mermaran tu capacidad de acción o sufrieras una pérdida, accidente o shock.

Podemos haber vivido situaciones negativas en el pasado y en aquellos momentos haber sido sujetos de “pérdida de poder” y de un dolor que nos hizo ser dependientes de ayuda para superarlo. No hay nada más humano que reconocer cuando no podemos hacer las cosas por nosotros mismos pero transcurrido el evento, a largo plazo podemos optar por diferentes reacciones:

  • Asimilar el pasado para no vivir anclados a situaciones que ya no existen.
  • Entrar en depresión y acudir a la ayuda profesional.
  • Superar las circunstancias y usar lo aprendido para crecer.
  • O permanecer en la víctima como un personaje que actúe por ti.

A veces no hace falta que haya pasado algo realmente grave, bastará con haber vivido un evento en el que cediste tu poder personal a otro y esto pasa más de lo que creemos: darle el poder a un ser querido, a un familiar enfermo, a un hijo con necesidad de afecto, a tu pareja o tal vez a la crisis económica, a tu tribu, a la sociedad, a la hipoteca…

¿Y cómo detectarlo para salir de ahí?

La palabras claves son: La queja, el “tengo que” y la “justificación”. Algunos ejemplos:

  • Es que la gente no se porta como espero y tengo que andar con cuidado de que nadie se me cuele porque si no me van a hacer daño”
  • Es que voy a una entrevista de trabajo la semana que viene y tengo que pasarlo mal porque al final siempre escogen a otro”
  • Es que mi madre está muy mal y por eso tengo que estar pendiente de ella todo el rato porque si no, ella sola no va a poder”.

Te preguntarás, ¿y si las circunstancias son realmente así, cómo no me voy a quejar?

Una cosa son las circunstancias y otra la actitud que eliges para lidiar con ellas.

Habrás visto en las redes hace tiempo que corría  por ellas el “reto de no quejarse durante un mes”. ¿Lo has probado?

¿Qué pasa si lo pones en práctica?

Se eliminan los “es que”, sustituye los “tengo que” por “quiero” y verás como el resto de tu comunicación cambia y ya no te hablarás a ti mismo ni a los demás igual. También las justificaciones pierden sentido y comenzarás a notar cómo algo cambia a tu alrededor.

La queja es muy tóxica, para ti y para la gente de tu alrededor. Puedes dedicarte un día a la semana a hacerlo para no meterte presión pero ¿cómo te sientes después? Peor porque pierdes energía y alimentas que otras personas o situaciones adquieren un derecho sobre tu bienestar que tú mismo entregas en bandeja.

Cómo dejar de ser víctima de tus circunstancias y retomar la dirección de tu vida

¿Cómo salir de ahí?

Es algo más que una cuestión de lenguaje aunque el poder de la palabra construye tus sentimientos y es muy útil.

Además es una cuestión de responsabilidad. Pregúntate entonces:

¿Qué puedes aprender de lo que te ocurre?

  • ¿Mejorar mi capacidad de relacionarme con los demás?
  • ¿Revisar mi capacidad de sentirme merecedor?
  • ¿Cultivar la sana independencia?

Si tomas conciencia sobre la necesidad real que hay detrás de tus “quejas” y tomas las riendas, el terrible escenario en el que te encuentras se convertirá en una pista de entrenamiento de tu autoestima.

  • Si pones el foco en mejorar tus relaciones quizá necesites recursos: aprender a ser asertivo, escuchar más a los demás, respetar opiniones distintas a las tuyas, etc. ¿Y cómo lo hago? Haciendo cosas diferentes, leyendo libros de autoayuda, hablar con alguien de confianza o pedir ayuda pero para ponerte en marcha no para que alguien lo haga por ti, contratar ayuda profesional…Ve a por ello
  • Cuando cedes tu poder, la valoración de ti mismo baja al mínimo y puedes llegar a sentir que no eres merecedor de las bondades de la vida. Es como la pescadilla que se muerde la cola: encima cuesta mucho más saber recibir y por lo tanto, dar… Cambia el paradigma.
  • Si te ves enganchado a alguien puedes preguntarte si es lo más sano para los dos y entonces podrás elegir una actitud distinta de cara a las relaciones tóxicas o dependientes.

El proceso para soltar el pasado en 3 pasos sería:

  • Comprender cómo se ha creado tu víctima y ser cálido y benévolo contigo.
  • Aceptar tal y como son las circunstancias.
  • Perdonarte el trato que te das a ti mismo al ceder tu poder y como te conté en la Culpa y el Resentimiento, perdonar también las situaciones o a las personas que te hicieron daño en el pasado si fuese el caso.

Y después orientarte al futuro:

  • Comprometerte contigo, suprimir la queja en tu lenguaje, sustituir los “tengo que” por quieros, observar los beneficios de modificar tu lenguaje y detectar las necesidades reales por cubrir para ir a por ellas.
  • Ser proactivo y ponerte en marcha para comportarte de forma distinta y más saludable contigo y con los demás.
  • Respetar y valorar tanto a ti como a los demás haciendo músculo con la Asertividad.

Espero que te haya servido este post y me encantará leer tus comentarios más abajo.

Un abrazo

Domingo Delgado

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