“Estoy hasta arriba de trabajo”, “no llego a planificar mis vacaciones con tiempo”, “estoy tan liado que no tengo tiempo ni para mi”, “de la casa ni te cuento, todo patas arriba y la compra todavía sin hacer”, “¡qué feliz sería si tuviera más tiempo! ” o “si pudiera hacer más cosas en menos tiempo…”

¿Te suenan alguna de estas situaciones?

No estás sólo.

La falta de productividad es un mal común y una de las fuentes de malestar, estrés y enfermedades que azota nuestro modelo de vida.

Hoy quiero desmitificar algunos aspectos que ensombrecen nuestra capacidad de disfrutar más de la vida sin tantas obligaciones y sí, ser más productivo, pero para bien.

El gran mito:

Tendemos a buscar herramientas y planes que nos faciliten hacer más cosas en menos tiempo.

Ser productivo no significa hacer más cosas en menos tiempo, ¿y entonces?

Ser más productivo consiste en Tomar Decisiones: el gran descuido.

Piensa que detrás de ésa pequeña o gran tarea siempre hay un “para qué”.

¿Qué te está costando gestionar en tu vida que te quita tiempo o te desborda?

Quizá sea conseguir que los próximos 3 meses por fin vayas a pilates…o dedicar menos tiempo a trabajar o tener más tiempo para dedicarte a ti mismo:

¿Para qué?

¿Para sentirte mejor?

¿Para ser más eficaz en el trabajo?

¿Para tener más salud?

Ok, con tus respuestas, ¿cómo reorganizarías tu agenda?

Quizá la salud se ponga en primer lugar y entonces será más importante tener más tiempo para ti y trabajar menos.

Hasta aquí seguro que fenomenal pero…¿te arriesgas a tomar ésa decisión?

Lo común es dejarte a ti mismo para el final.

 

El espacio mental, emocional, físico y del ambiente:

Sabemos que al tomar decisiones importantes es como si nuestra mente saliera de un proceso de centrifugado y es que de por sí, hacerlo, te causará: alegría aún cuando la decisión también nos haga sentir otras emociones. ¿Por qué? por la sensación de logro (lee este post sobre la alegría para entenderlo mejor)

Cuando nuestro pensamiento se vuelve cíclico comenzamos a restar energía del cuerpo y eso afecta a negativamente al estado emocional, sintiendo más frustración, miedo o incluso directamente: enfado o agresividad.

Al creer que debemos solucionarlo “con la cabeza” ponemos el cuerpo y las emociones en modo mute, perdiendo el foco de atención también de nuestro entorno.

Puedes revertir el proceso, “escuchando” lo que dice tu cuerpo y la emoción que sientes para poder tomar una decisión más integral que sólo mental, ¿me explico?

Entonces verás cómo tu cuerpo se calma, puedes escuchar mejor tus emociones y ver con más claridad tu entorno. Con esto no me refiero sólo a las personas sino también al espacio que te rodea. Está demostrado que los entornos ordenados y armónicos nos ayudan a tener mayor claridad. Todo está relacionado y conectado…

¿Por dónde empezar?

El tiempo ni se crea ni se destruye, es una variable “0”; el día tiene 24 horas, deberías dormir 8, dedicar 1 hora a cada comida del día y te quedan: 13.

Si pones el foco en el tiempo más que en la decisiones corres el riesgo de entrar en un entrenamiento militar que te haga ir deprisa todo el día, disminuya tu disfrute y mine tu autoestima.

Con esto no quiero decir que dejes de ser disciplinado, todo lo contrario, sigue las siguiente ruta.

1. “Trabaja por bloques”

¿Qué quieres hacer nada más empezar el día? ¿y a mediodía o por la tarde?

Agrupa las tareas por categorías y concluido el tiempo estimado para ello y sólo entonces, pasa a lo siguiente.

Por ejemplo:

Categoría administrativa: mails, facturas, actualización de plataformas, bases de datos…(en todas las profesiones hoy en día tenemos este apartado).

Categoría “Hogar”: la compra, limpieza, arreglos, cocinar, organizar la ropa.

Categoría “Relaciones”.

Categoría “Tiempo libre” o “Hobbies”.

– O las categorías que se ajusten a tu Estilo de Vida (Alimentación, ejercicio físico, auto-formación, auto-cuidado…)

La diferencia está en que destinas tiempo más que a la tarea, a resolver lo más importante de las categorías y puedes ser flexible a la hora de elegirlas que liberen tu tiempo más que hacer listados infinitos de pequeñas cosas.

2. Elige el foco de tu atención:

Cuando estamos atentos a “todo lo que tenemos que hacer” perdemos el foco de lo importante que es “hacerlo realidad”.

A mí personalmente me sirven dos estrategias:

Elegir una palabra para el día/mes/año: Acción, Autocuidado, Avanzar, Actualizarme, Liberarme (de obligaciones), Calidad….

Elegir lo que sí o sí quiero concluir en el día/mes/año: Material para curso online “X”, reforma del salón, acuerdo con colaboradores, menú semanal, lecturas…

Productividad

El riesgo de los “planificadores compulsivos”:

Hacer un plan es lo mejor que hay para saber dónde ir. En definitiva consiste en ponerte una meta que sea estimulante y reveladora para ti, partirla en bloques y luego en pequeñas acciones asequibles que pasas a tu agenda.

Y me dirás, ya Domingo, si yo me hago unos planes estupendos pero lo que pasa es que todavía no sé si está bien hecho o directamente me agobio y no los cumplo.

¡Voilà!

Ahí tienes dentro de ti la voz camuflada del perfeccionismo (crítico interno):

En la mayoría de los casos, cuando somos planificadores compulsivos y perfeccionistas, en realidad nos impide avanzar:

– El miedo al fracaso.

Estrés por resultados.

Imaginalandia: imaginar, recrear y soñar sin bajarlo a la tierra para disfrutar de las sensaciones que “podré llegar a experimentar”.

No querer hacerlo o simplemente no te gusta: a veces nos planteamos objetivos como una obligación auto-impuesta que realmente no motiva,  nos aburre soberanamente o son acciones que no tienen ni chispa de gracia.

Hay que descubrir la decisión implícita que se oculta detrás de la tarea.

¿Cómo?

Pregúntate:

– ¿Qué significa para ti que cumplieses esa tarea?

– ¿A dónde te llevaría seguir tu Plan?

– ¿Con qué decisión importante está relacionado lo que quieres hacer que te impide avanzar?

Ahí está: descubre la necesidad fundamental que se oculta bajo tu auto-sabotaje, para, reconoce lo que realmente te están siendo difícil afrontar, rehaz tu plan y date cuenta como el foco (de tripas), es otro.

Descubre la frustración real que te impide avanzar para sentirte mejor y ser más productivo:

Pongo un ejemplo inventado:

“Me resulta complicado bajar a la realidad mi plan para cuidarme más este año. He hecho números a ver a qué actividad deportiva me puedo apuntar para bajar de peso y sentirme mejor. Lo que pasa es que el gimnasio que me gusta queda lejos y es un poco caro para permitírmelo hoy. Necesito ahorrar unos meses para comenzar. Además tendría que salir antes de trabajar y comprarme ropa adecuada porque no tengo…no sé por donde empezar”

¿Qué impide realmente comenzar? ¿Buscar una opción más económica? ¿Ir antes a trabajar para salir pronto? ¿Pasar de comprar el chandal Nike e ir Primark a por básicos? ¿O enfrentar la vergüenza de que te vean con esos kilitos de más en el gimnasio?

En el primer caso el foco está puesto en la organización que se alarga en el tiempo sin conseguir acción. En el otro el foco está en el sentimiento que provocaría hacerlo.

Muy…distinto.

Si reorganizamos este plan quizá la prioridad sería trabajar el sentimiento de vergüenza, quizá encontrar una actividad más sencilla que cueste menos resistencias o aprender técnicas de autoestima con un audiolibro y a los dos meses, ver cómo estás y replantearte ir al gimnasio con más seguridad. ¿Ves?

¿Cómo descubrir la decisión subyacente?

– Llévate esta estrategia a lo tuyo.

– Lista las acciones que menos “te crees que harás” o “que no consigues hacer”

– Pregúntate ¿qué significa para ti cumplir esas acciones?

– ¿Qué te impide realmente ponerte en marcha con ellas?

– Encuentra el foco verdadero de tus intenciones.

Cambia las acciones necesarias.

– Chequea que esas acciones sean asequibles y estimulantes para ti.

– Ponte a ello :)

Recapitulando:

Toma decisiones en vez de querer hacer más cosas en menos tiempo.

Encuentra el para qué de las acciones, tareas o categorías más complejas.

Libera espacio mental y vacía tu cabeza de la multitarea, escucha tu cuerpo y cómo te sientes y ten un ambiente propicio para tu Plan: Sé integral, no parcial.

Organízate por bloques.

Elige tu foco de atención y pon una palabra a tu Año, tu mes o incluso tu día: verás que bien :)

– Si eres planificador compulsivo o perezoso empedernido afronta tus miedos, enfócate más al objetivo que a los resultados, deja de imaginar o elige acciones que “realmente” te gusten y ponte en acción.

Reconoce tus necesidades reales; las que subyacen a tu procastinación.

– Ten en cuenta que no haya presión, incluye en tus decisiones a tu cuerpo, emociones y ambiente propicio.

Diseña un Plan Anual: no es raro, es productivo :)

Actúa también por bloques.

Concluye lo que te propones y por favor:

– ¡Celebra tus avances!

¿Y si no ocurre lo que planeo? Revisa si necesitas tomar una decisión más profunda que la tarea que no estás viendo, y así, hasta que te salga.

Y ahora dime: ¿En qué momentos te ves atascado cuando quieres ser más productivo?

Me encantará echarte una mano en los comentarios.

Un abrazo

Domingo Delgado

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