«¿Has visto qué pintas lleva ése?..» «¿Será posible que se haya atrevido a salir así de su casa?»…»Hay qué ver como va la gente por la calle…» «Es increíble…seguro que piensa que su look es lo más…»
Confiesa. Alguna vez te has pillado escuchando ésa voz que se abalanza sobre ti y te lleva hacer juicios sobre la apariencia de los demás y seguro que hay un tipo de estética concreta que despierta en ti el «Atila pre-juicioso».
Haya lo que haya detrás de la imagen de otras personas es posible que tu alarma dispare la molestia y el enfado por cómo se expresan los demás ante el mundo. Cuando notas que se acumula esta tensión en el tiempo, se hace más grande tu rabia o te das cuenta que ya es un poco irracional: revisa ti tienes un resentimiento sin canalizar.
En el fondo, tu reacción tiene que ver con el choque de valores entre los que tú interpretas que tienen ésas personas y los tuyos aunque hoy nos acercaremos a ello de forma práctica para ayudarte a ver cómo la distancia entre el Tú Real y el Tú Ideal es la que te hace sentir ése resentimiento: sentimientos o actitudes de hostilidad que saltan en automático ante determinadas situaciones o personas.
¿De dónde viene todo esto?