Si a veces nos cuesta manejar nuestra propia imagen personal, ya cuando nos ponemos a emprender la cosa se complica.
Pasa no tanto al principio, cuando andas buscando tu hueco en el sector, montando una web y ofreciendo tus primeros servicios que se van modelando durante los 3 primeros años. Es después, cuando ya llevas un tiempo, llega un día en que te planteas si tu imagen profesional se corresponde con lo que ofreces, con la expectativa que tienen tus clientes de ti y sobre todo, si eres marca personal.
Con los clientes emprendedores nóveles que han pasado por mis servicios, me doy cuenta de los bellos esfuerzos que ponen con esmero por lanzarse a la piscina bien guapos y mimando cada detalle para todo esté perfecto en su presentación al mundo aunque dos años después su mensaje de marketing cambie por completo.
Con los seniors observo lo contrario: ya tienen un posicionamiento, trabajan video a tope y puede que las fotos de la web sean de cuando eran más jóvenes y su idea de negocio era francamente otra. Además, la máquina del día a día se ha hecho más compleja que no hay tiempo para andar mirando «qué me pongo», darle una vuelta a la estética audiovisual, o ponerse a renovar su imagen personal alineada con los valores de marca.
Todos quieren más visibilidad, unos para darse a conocer y otros para hacer crecer su negocio y ocupar un lugar preferente en la mente de su público objetivo.