Sigues pautas, pasos y recetas para sentirte mejor contigo mismo; tienes un montón de herramientas positivas para ayudarte a verte mejor, ser más optimista y aumentar tu autoestima pero algo no funciona…
A lo largo de estos años me he dado cuenta que el desarrollo personal basado sólo es fortalezas en muy útil para mejorar el reconocimiento y crecimiento de uno mismo pero no es suficiente.
Puedes construir una auto-imagen bellísima de ti, destacando las cualidades más brillantes, poniendo en primer lugar lo que mejor sabes hacer y dejar a un lado lo que realmente te limita.
A veces preferimos maquillar las «zonas» que consideramos erróneas para sentirnos con mayor plenitud e ilusión momentáneamente.
Todo parece que fluye armoniosamente porque te orientas exclusivamente a vivir sólo las emociones positivas pero en paralelo se genera un vacío dentro que no se cubre sólo con buenos propósitos.
Es como salir de casa muy bien vestido, con una sonrisa puesta y las ganas de comerse el mundo aunque tengas una molestia en el zapato que te haga cojear…
Si hay una espina de erizo clavada en tu pie, podrás ponerte un stiletto y ser optimista aunque el premio gordo está también en: sacar de ahí eso que te molesta tanto, superar tus limitaciones y transforma tu vida.
Tendrás que pararte, darte cuenta de la herida, tener la valentía de sacar la espina y curarte para seguir adelante con mayor disfrute de ti mismo.
Crecer, no es gratis, aparentar es más fácil.
Tendemos a pensar que las debilidades son la cara oscura de nosotros mismos y que poco aportan a quienes somos y nuestra capacidad de ser más felices. A nadie le gusta sentirse vulnerable pero:
¿Y si fuera la llave para sentir más satisfacción y plenitud?